TRIPLE ENFOQUE DE CRECIMIENTO
UN CAMINO DURO, PERO SEGURO PARA CONSEGUIR GRANDES MÚSCULOS

Por Jim Taylor

Los culturistas saben lo difícil que es hacer crecer los músculos y con frecuencia buscan la explicación en la genética o en su defecto, pero en realidad el obstáculo es más la fisiología que la genética, porque el cuerpo está tan bien diseñado que su objetivo es la supervivencia y para ello ha dotado a los músculos de distintas fibras, así como un sistema energético que impida que puedan agotarse todas al mismo tiempo, porque eso pondría en riesgo la supervivencia.
Por eso, mientras unas se agotan otras siguen frescas y dispuestas para tomar el relevo. En cambio, para que éstas crezcan y se hipertrofien deben agotarse por completo.
Con este triple enfoque podréis estimular la hipertrofia.

La prioridad del organismo es la supervivencia y la perpetuación de la especie. Exactamente como es el objetivo de todo ser vivo que desarrolla mecanismos evolutivos para sobrevivir y evolucionar en un entorno hostil. En el caso de los seres humanos la musculatura es la herramienta de que disponemos para movernos, desplazarnos y realizar todo tipo de actividades, como correr detrás de una presa o delante de un depredador y la capacidad de éxito dependía durante milenios de nuestra capacidad muscular. La fuerza, la potencia, la rapidez etcétera son cualidades ligadas intrínsecamente a la musculatura. Por eso los músculos están dotados de distintas fibras musculares especializadas en una actividad concreta.
Hasta hace poco tiempo se consideraba que los músculos estaban compuestos por dos tipos de fibras, las blancas, o de contracción rápida y de tamaño mayor, y las rojas, o de contracción lenta y de menor volumen.
Básicamente las primeras son las que se activan para producir contracciones rápidas y de gran potencia, como cuando se corre a máxima velocidad o se levanta un peso y las segundas son las que el músculo emplea para las acciones de poca intensidad y larga duración, como caminar, etcétera. Su color también viene determinado por su especialización, las blancas poseen muy poca mioblobina puesto que atienden a esfuerzos cortos en los que no necesitan la intervención del oxígeno, sino del ATP, mientras que las rojas se encargan de las actividades de larga duración en las que el oxígeno forma parte del ciclo energético, de ahí que necesiten un mayor contenido sanguíneo.
A las de contracción lenta se las denomina de tipo I y a las de contracción rápida de tipo II, pero luego en éstas se encontraron dos subtipos, porque se identificó las de tipo rápido oxidativo, tipo IIa, y las de tipo rápido glucolítico, o tipo IIb. Pero cuando los científicos han ido profundizando en la actividad del músculo, han ido descubriendo que existen distintos subgrupos de fibras musculares, que actúan en función de la respuesta que tengan que realizar, así que hoy se conocen hasta siete subtipos, entre los que se encuentran I, Ia, II, IIa, IIab, IIac, etcétera.
Cuánto más lenta es una fibra en su contracción muscular, más bajo es el umbral de su reclutamiento, es decir más fácil es activarla, y también más resistente es a la fatiga. Por lógica, cuánto más rápida es su contracción, más difícil resulta reclutarla y mientras que el umbral de su activación se eleva, la capacidad de resistencia es menor.
Otro dato que está contrastado científicamente es que durante una contracción muscular las fibras van entrando en acción siguiendo un orden de tamaño, es decir que las más pequeñas son las primeras en actuar y conforme se necesite más fuerza entrarán las otras de mayor tamaño. Eso obedece a un principio de preservación de la energía, por el cual el músculo siempre intentará llevar a cabo una función con la menor participación de fibras posibles y con el mínimo desgaste energético, por tanto usará las menos fibras posibles, así como las que menos energía consuman.
De manera que para reclutar en la contracción a las fibras de mayor tamaño, hay que emplear grandes pesos, sin embargo, el uso de esas grandes cargas implica que podréis realizar menos repeticiones, o lo que es lo mismo el tiempo del músculo bajo tensión será menor. Por consiguiente, las fibras rojas o de contracción lenta no se verán implicadas ni agotadas durante esa acción. Y viceversa. Cuando empleéis pesos ligeros en las rutinas de numerosas repeticiones, las fibras rápidas se quedarán al margen.
En cualquier caso la hipertrofia máxima no tendrá lugar, porque una parte del contenido fibrilar del músculo no recibe el óptimo estímulo. Para conseguirlo existen los programas de periodización o alternancia de enfoque, en los que durante unas semanas se entrena con pesos muy pesados y otras después se emplean pesos más ligeros, bajo protocolo de muchas series de numerosas repeticiones.
Sin embargo, ese enfoque posee un punto débil, que sobreviene del hecho que cuando durante varias semanas dejáis de estimular un tipo de fibras, éstas pierden parte de su habilidad adquirida, como sucede con la atrofia cuando no se usa un músculo durante un tiempo.
Hasta aquí es bastante obvio.

El juego de ‘todo o nada’
No hace falta ser un genio matemático para entender que si el entrenamiento con pesas produce el aumento del tamaño de los músculos porque genera un incremento del volumen o hipertrofia en las fibras que lo componen, entonces el máximo crecimiento no podrá alcanzarse a menos que se consiga aumentar el tamaño de todas ellas.
Ahora bien, si el músculo posee una determinada composición de fibras que responde a los distintos estímulos y acciones, también cae por su propio peso que no será posible alcanzar ese objetivo con un único protocolo de entrenamiento, sino que será necesario emplear varios para llegar a los distintos tipos de fibras.
No obstante, como acabamos de ver unas líneas más arriba, cada tipo de trabajo físico activa un tipo de fibra y no los demás, aunque también existen pruebas que parecen demostrar la gran capacidad de adaptación que tiene el cuerpo para adaptarse a una tarea impuesta, si ésta es repetitiva. Por ejemplo, cuando los músculos se emplean en una misma actividad una y otra vez, parte de las fibras más cercanas a esa actividad se modifican para aumentar la cantidad de fibras disponibles que se emplearán en ese cometido repetitivo. Es decir, existe una cierta capacidad para que éstas cambien ligeramente su signo hacia el más próximo, volviéndose algo más rápidas o más lentas y cambiando así su composición y tamaño.
Hace algunas décadas cuando se descubrieron los dos tipos primarios de fibras, las blancas y las rojas, puesto que las primeras tienen un mayor tamaño inicial, así como más capacidad para hipertrofiarse, se pensó que sólo hacía falta entrenar con pesos muy pesados para activar este tipo de fibras, ya que en él residía la mayor capacidad de hipertrofia, pero se olvidaron de considerar que las de contracción lenta también se pueden hipertrofiar y que además en la mayoría de músculos su número es bastante superior al de las blancas, por consiguiente estimulándolas se podía conseguir un incremento notable del volumen de los músculos.

Estimulación fibrilar específica
Como hemos visto antes, el planteamiento de usar un programa en el que durante un tiempo se tengan como objetivo las fibras de contracción rápida, para destinar luego otro periodo de tiempo al trabajo de las de contracción lenta es un error, porque entre otras cosas significa que mientras ejercitáis un tipo de fibras el otro no recibe estímulo y por consiguiente perderá parte de lo adquirido.
Entonces, si eso es así, ¿por qué no seguir un enfoque de entrenamiento fibrilar específico? Eso puede conseguirse en la misma sesión, es decir no en periodos distintos, sino en cada sesión, de tal forma que estéis estimulando la hipertrofia de todas las fibras musculares.
Se trata básicamente de un programa en el que se incluye inicialmente una serie específica para las fibras de contracción rápida, con pocas repeticiones y con mucho peso. Luego se prosigue entrenando con otra serie en la que se reduce la carga y aumenta el número de repeticiones y por último se emplea menos peso aún y se realiza otra serie de más repeticiones. Con este protocolo se afecta a todos los tipos de fibras, las rápidas, las lentas, pero también las intermedias.
El protocolo incluye sólo tres series efectivas por ejercicio y cada una de ellas con un objetivo concreto. El planteamiento es el siguiente:
La primera serie constará de tres únicas repeticiones con el 90-95% del peso para una repetición máxima.
La segunda serie constará de ocho repeticiones con un peso del orden del 75-80% de la carga máxima para una única repetición.
La tercera serie consta de 20 repeticiones y el peso ha de ser suficientemente ligero para cumplir ese objetivo, es decir del orden de 50-60% de MR.
Como es evidente antes de realizar la primera serie, en la que se usa el mayor peso, es necesario calentarse muy bien, realizando varias series previas con poco peso a modo de adaptación. No os aconsejo que realicéis demasiadas repeticiones para no agotaros en exceso, así es mejor hacer cinco series de cinco o seis repeticiones aumentando el peso en cada una, que hacer sólo dos de 15 repeticiones. El objetivo es que el cuerpo, las articulaciones y la mente se vayan adaptando a un peso mayor progresivamente con cada serie sucesiva.
Por tanto, después de esas tres o cuatro series de calentamiento, la primera serie de sólo tres repeticiones está destinada a estimular la hipertrofia de las fibras de contracción rápida. La fase concéntrica o positiva debe ser explosiva, a pesar de que debido a la carga se mueva de forma moderada. Descansad dos o tres minutos.
La segunda serie atacadla después de haber quitado una parte del peso, alrededor del 10-15%. Ahora la subida del peso debe durar un par de segundos, tres segundos para el descenso y uno para mantener una parada del peso antes de iniciar otra repetición.
En total esa serie debe mantener el músculo 40-50 segundos bajo tensión, un factor determinante para activar el mayor número de fibras. Y eso activará las de contracción menos rápida.
Descansad un minuto y retirad peso para proceder a la tercera y última serie que activará un buen número de fibras de contracción lenta.
La dureza no sólo estará determinada por la acumulación de ácido láctico en los músculos, sino por el mayor tiempo bajo tensión que vais a mantener a los músculos, porque ahora haréis que tanto la subida, como la bajada duren cuatro segundos y dos para la parada que ha ser más acentuada.
Esta última serie a pesar de no mover una gran cantidad de peso, resultará absolutamente infernal, y llamará a la acción a todas las fibras de contracción lenta disponibles.
No hagáis más que una tanda de estas tres series, porque si intentáis hacer una segunda ronda no seréis capaces de duplicar la efectividad, ni el peso y podéis entrar en riesgo de sobreentrenamiento, además las fibras estarán agotadas y no podréis emplear la necesaria intensidad, que es la clave del éxito del programa. En cambio, para los grupos grandes podéis elegir otro movimiento que trabaje el músculo desde diferente ángulo.
En función de vuestra capacidad de recuperación podéis realizar una segunda sesión semanal para algún grupo específico, pero no para todos.
En cuanto a la elección de los ejercicios, os recomiendo los básicos o compuestos multiarticulares, como el press de banca para el pectoral, los remos o las dominadas para la espalda, el press militar o el remo el mentón para los hombros y las sentadillas o la prensa para las piernas.
Manteniendo intacto el protocolo de las tres series, podéis variar los ejercicios cada semana.

Un método adicional para activar la hipertrofia fibrilar
No os confundáis, este protocolo de entrenamiento a pesar de contar sólo con tres series efectivas por ejercicio y limitar a un máximo de dos por grupo muscular grande y uno para los pequeños, es todo menos ligero y fácil y puede drenar toda vuestra energía. No obstante, su éxito se basa en dos factores:1) que activa todas las fibras del músculo y por tanto lo agota obligándolo a adaptarse creciendo, y 2) que dada su extrema dureza pero brevedad fomenta el entorno químico idóneo para que se produzca el crecimiento.
Y nos guste o no, la realidad es que, el desarrollo de los músculos está fuertemente mediado por el entorno anabólico.
Por suerte los hombres de ciencia conocen moléculas y ciertas partículas de origen natural que administradas en cantidades concretas y en determinadas combinaciones, producen en el cuerpo efectos químicos que acentúan las acciones de anabolismo, incluso en gran medida.
El equipo de investigadores de Future Concepts lleva años estudiando cómo mejorar ese entorno anabólico por medios naturales y ha desarrollado varias fórmulas eficaces en ese sentido. En mi opinión destaca sobremanera el LPC-X10, Muscle Synthesis Activator, una fórmula absolutamente novedosa para activar la síntesis muscular y permitir un entrenamiento más duro y productivo.
EL LPC-X10 actúa en dos frentes estrechamente relacionados mediante dos tipos de mensajeros musculares: las hormonas y ciertos aminoácidos.
Con este ergocéutico se amplifican las señales musculares de crecimiento, al tiempo que se sortean ciertas barreras químicas dentro del propio músculo que impiden su desarrollo.
Las investigaciones han puesto de manifiesto que algunos aminoácidos adquieren funciones de mensajeros celulares, semejantes a las de las propias hormonas, que se producen en una glándula y se desplazan a través de la circulación para actuar sobre otras glándulas, tejidos o moléculas, uniéndose a unos receptores específicos, alterando o modificando así las acciones de aquellos sustratos o tejidos sobre los que actúan.
Pues los estudios han descubierto que ciertos aminoácidos son capaces de desempeñar esas mismas acciones, como es el caso de la leucina.
De hecho, la insulina y la leucina son los dos reguladores principales en la síntesis proteica, pero los estudios han puesto de manifiesto que la leucina, aparte de activar ese proceso, es un fuerte estimulante de la propia insulina, pero sus acciones anabólicas son incluso mejores, puesto que no necesita presentar niveles altos de azúcar en sangre para actuar.
Distintos estudios han comprobado que este aminoácido eleva muy sustancialmente la síntesis muscular, incluso muchas horas después de haber cesado el ejercicio físico, pero el papel que desempeña en los músculos es mucho más amplio, porque aparte de los distintos trabajos que confirman su relevancia en aumentar la síntesis proteínica, o anabolismo, también se ha podido comprobar que mejora el rendimiento de los músculos ante el esfuerzo de alta intensidad.
Hace ya algunos años que los investigadores han venido empleando la leucina como marcador para determinar la actividad en el tejido muscular de una fuente de proteína, porque pudieron constatar que actuaba exactamente igual que una hormona, ya que se unía a unos receptores en los músculos para activar la síntesis proteínica. Pero también se ha observado que el aminoácido básico tiene dificultad para atravesar la barrera intestinal, mientras que las formas químicas en forma acetilada, o como un ester del grupo metilo sortean el tubo gástrico y llegan a la circulación directamente.
Por eso el LPC-X10 contiene leucina en forma acetil y metil ester.
Pero no podemos hablar de mensajeros musculares que activen el anabolismo sin mencionar la testosterona. Esta hormona es considerada uno de los más eficientes agentes anabólicos, no en vano casi el 80% de los casos de dopaje se dan por su uso.
Por eso este ergocéutico también activa la secreción de testosterona, al tiempo que aumenta la sensibilidad de sus receptores en los músculos. Para eso emplea dos moléculas de carnitina, de las cuales existen suficientes evidencias científicas de sus acciones anabólicas, sin producir efectos hormonales ni colaterales.
En un estudio reciente de seis meses de duración realizado para comparar los efectos de la administración de testosterona undecanoato (una de las más empleadas en el dopaje por los culturistas en su afán de incrementar la masa muscular), en comparación con dos nuevas formas químicas de carnitina, la propinol-L-carnitina y la acetil-L-carnitina administradas juntas en una mezcla de 2000 miligramos, se obtuvieron conclusiones sorprendentes.
El resultado inesperado fue que tanto la testosterona química como las carnitinas mejoraron la función sexual en general, pero aunque parezca mentira éstas últimas demostraron producir mejores erecciones que la propia testosterona. Pero vale la pena poner de relieve que, mientras que la hormona produjo señales de efectos negativos, sobre los marcadores cardiovasculares y sobre la próstata, las carnitinas no.
Otro estudio arrojó un resultado de gran calado para nosotros los culturistas, puesto que en él se ha demostrado que la administración de estas carnitinas aumentó el número de receptores anabólicos en el tejido muscular. Eso reviste una gran importancia de cara a la estimulación anabólica, puesto que es precisamente la población de receptores anabólicos en el tejido muscular lo que determina la capacidad última de crecimiento, se empleen medios naturales o artificiales.
Por tanto, la proliferación de los receptores anabólicos que produce el uso del LPC-X10 constituye una de las mejores noticias cuando se pretende alcanzar el máximo potencial.
Subrayar que en ese mismo sentido, otro estudio ha revelado que con la administración de este cóctel de aminoácidos no se apreció un descenso de los niveles de testosterona a pesar del agotamiento físico inducido por el sobreentrenamiento y la síntesis de proteínas se mantuvo elevada incluso muchas horas después de la sesión de ejercicio agotador. Es decir que frena tajantemente el catabolismo y favorece el anabolismo.
Pero el LPC-X10 no sólo contiene elementos que activan y aceleran la síntesis de nuevos tejidos musculares, sino que también incorpora varias sustancias para fomentar el máximo rendimiento muscular de alta intensidad.
Por ejemplo, contiene una nueva molécula que en varios estudios ha demostrado que puede mejorar la fuerza casi instantáneamente, gracias a que evita la acumulación del amoniaco y otros residuos que se forman en el músculo cuando este se ejercita a la máxima intensidad.
Esa molécula incluye el enlace químico de glicina y L-arginina monohidroclórida con una sal de ácido alfa cetoisocaproico cálcico (glycine-L-arginine monohydrochloride-alphaketoisocaproic acid calcium).
Todos los culturistas que han probado el LPC-X10, 30 minutos antes de entrenar, coinciden en señalar que tras las primeras series sienten como una especie de flash de vigor que les recorre las venas, y en lugar de sentirse cansados se sienten más fuertes, más congestionados y son capaces de mover más peso y los efectos van a más y más conforme avanza la sesión, en lugar de ir a menos por el cansancio.
Además de activar la liberación de testosterona, el LPC-X10 estimula la creación y sensibilización de los receptores anabólicos del tejido de los músculos y promueve su máximo rendimiento.
Una combinación que conduce directamente a la hipertrofia fibrilar.
Diversos estudios han podido constatar que cuando los atletas toman esta fórmula se sienten más vigorosos durante el entrenamiento, mueven más peso y experimentan un mayor crecimiento.

Aplicad este triple enfoque de crecimiento y… ¡despegad!
Aunque este protocolo sólo implica realizar tres series por cada ejercicio y un máximo de dos movimientos para un grupo grande, o sea seis series, éstas son de tal magnitud que arrasarán todas las fibras del músculo, por tanto lo dejarán agotado y lo obligaran a adaptarse, reaccionando mediante la hipertrofia de sus fibras, de todas ellas, que es justo lo necesario para hacer que el crecimiento sea el máximo que permita vuestro potencial personal.
No lo dudéis, si ponéis en práctica este método experimentaréis un crecimiento rápido y acentuado de los músculos y más aún si además hacéis uso del ergocéutico LPCX 10, entonces llegaréis más lejos y lo haréis mucho antes.